Como buen alumno de colegio católico, solía escuchar misa todos los lunes antes de entrar a clases, muchas veces, por aquello de la rutina, la pereza o porque, a decir verdad, el sacerdote del colegio me caía muy mal, no atendía el sermón de la mañana, pero aun así habian ocasiones en que lo escuchaba con interés, sobre todo cuando tocaba la lectura de La Parábola de los Talentos.
No era que en esa época me pareciera muy interesante, sino que me parecía muy injusta, es decir, ¿por qué el patrón terminaba castigando al hombre que guardaba lo que le había dado para trabajar?, yo entendía que castigara al pobre que lo perdió todo, pero al que lo cuidó y lo dejó intacto, no hombre!, a lo mejor al patrón no le gustó que lo enterrara, a lo mejor debió ponerlo en una cajita bonita.
Y pensaba que, en alguna de esas, en el sermón del año siguiente lo perdonaba, pero no, siempre lo terminaban castigando.

Y pasó el tiempo, y nadie me daba alguna explicación de porque lo castigaba(aunque no eran muchas las personas a las que les preguntaba sobre el tema), pero ahora creo que ya lo entiendo, los talentos son eso: Talento uno llega al mundo con determinado talento, talento para la música, para ser bueno con los números, saber contar chistes, saber escribir, poner cara de idiota

, etc;

y tenemos la OBLIGACION de que, al salir de este mundo, ese talento sea mayor, no podemos quedarnos con lo que vinimos sino hay usarlo para bien de los demás, y hé ahí el punto principal de la parábola.

No es que sea un católico ferviente o algo así, pero creo que en el evangelio hay muchas cosas que nos pueden servir para llevar una vida mejor, y ésta es una de ellas.

Para los que aun no la han leído, léanla, los que ya lo han hecho practíquenla,
y al señor de la foto díganle que ya pare.